sábado, 27 de octubre de 2007

Ramos


Refugiado en una casona vieja de Ramos Mejía, me encuentro escribiendo un libro Perdido, y paseando por el camino al costado de las vías de un viejo tren. El lugar es un santuario para mi, con una estación cósmica, pequeña y casi abandonada, como de una película de horror al estilo Wes Craven, con un asesino persiguiendo a Jóvenes adolescentes borrachas y donde la sangre parece ser el fetiche de este género de películas. Aqui me encuentro, con una depresión casi disipada pero desconfiada, una angustia tolerable, con el entusiasmo de crear montruos de epoxy, y las ganas de volver a empezar.
Parece ser que este es el lugar que estaba buscando, lejos de todo lamentablemente pero con una tranquilidad específica que convive con mi alma.
Estoy en plena metamorfosis espiritual....cambios, mutando la piel, reviviendo el pasado para entender el presente, buscando pistas y huellas en cajones,cajas, bolsas, armarios,sótanos, altillos, placares, baúles, ataudes, en lugares secretos, detrás de las paredes, bajo el piso de madera, bajo la tierra, y en mi interior por supuesto.

Dejo un abrazo a quién por ciertas razones de la vida, se toparon con este camino y leyeron estas lineas.