Estaba ubicado en mis sueños, en mis más remotos lugares de la mente, donde lo real se confunde con la fantasía y se bifurca en las pesadillas. Todo, absolutamente todo era una pesadilla.
El camino de piedra que seguía a través de las tumbas, daba a las bóvedas de familiares extintos desde hace más de 100 años. Todas las bóvedas estaban profanadas por las raíces de los grandes árboles que crecieron junto a ellas y que las ocultaban como si quisieran abrazar a los muertos. Daba una impresión tan siniestra que me producía un efecto de éxtasis y me colmaba el alma en cuestión de segundos.
Era una calle que estaba a la izquierda del camino. Si uno venía caminado por la entrada principal por supuesto. Esa calle estaba llena de esas bóvedas, y parecía una ciudad fantasmal, quieta… silenciosa.
Esa calle me llamó la impresión la primera vez que visite a los muertos en este descanso. Pero nunca caminé por ella hasta hoy. Quizás fue el olor a pasto seco, a hierba o solo el sonido que hacían los grillos a esta hora. No lo se realmente.
Me dispuse a pasear por ella y así fue. Observé los vidrios de las puertas de las bóvedas. En algunas tenían vitrales opacados por la tierra de los años, mientras que en otros simplemente tenían vidrios normales también llenos de mugre y ramas de enredaderas maliciosas. Todo era un cuadro pintado al óleo completamente parco y marchito.
De pronto, de entre los pastos salío un sapo gigantesco haciendo saltos por el camino. Habrá hecho tres o cuatro saltos y se ocultó detrás de una bóveda al otro lado del camino.
Despertó mi curiosidad y traté de alcanzarlo pero al llegar al lugar donde lo había visto por última vez, ya había desaparecido.
Que extraño pensé, otro errante estaba al igual que yo, paseando por estos rincones tan tranquilos como la noche en un campo desolado y oscuro. Me identifique de inmediato con el extraño sapo saltarín que se me había cruzado.
Seguí con el paseo olvidándome del sapo y tratando de despejarme un poco. Esas voces que escucho me estaban matando ahí en mi habitación, pero de las voces voy a hablar mas adelante.
Las bóvedas estaban una al lado de la otra, solo un pequeño pasillo las separaba como para pasar al otro lado de la calle, que daba con más bóvedas abandonadas por el tiempo. Todo ello estaba en un tono parco, con tonalidades grises y verduscas. El musgo dominaba el concreto de una forma parasitaria.
Miré atentamente una bóveda que estaba casi destruida. La parte izquierda de la entrada estaba atravesada por el tronco de un árbol que de seguro cayó a causa de un rayo tal vez o simplemente fue un árbol que se pudrió y se desplomo sin remedio. La puerta estaba semi-abierta, en la parte superior estaba doblada y dejaba ver dentro un ataúd de color madera, tirado en el suelo carcomido y lleno de tierra. Me asomé dentro de la bóveda y sentí un olor extraño, entre humedad y manteca rancia. Di un paso hacia atrás y me tapé la nariz con la manga de mi campera. Las cosas mas espeluznantes ocurren de noche, ¿vida después de la muerte? O fantasmas después de la muerte quizás…
Algunas religiones o creencias atestiguan que el espíritu de un muerto sigue presente por algunos días en los lugares donde fue mortal. Sigue presente en nuestra casa, en nuestra mesa, en nuestro living etcétera. De hecho Jesús cuándo fue crucificado, después de morir, al tercer día resucito y estuvo entre los vivos por algunos días, creo que fueron 40 días pero no se realmente. Pero ¿que pasa si no es así y solo deambulan por estos lugares para siempre?, un escalofrío me sorprendió y me di vuelta como si fuera un reflejo innato. No había nadie.
El día era de un gris uniforme, el cielo se nubló y el sol se había ocultado desde hace unos minutos, dejando a la oscuridad apoderarse del cementerio. Lentamente, la hora de los muertos comenzaba. Era la hora de levantarse del sueño eterno y salir a caminar como un ser vivo, como era antes de pasar al plano inmortal. Como era hace 20 años o más.
Las ratas empezaron a chillar y a sentirse dentro de las bóvedas. Por dios, ¡había mas criaturas en este sitio!, las cucarachas corrían por entre mis pies, negras… muy negras las malditas. El canto de las ranas y de los grillos daba el inicio de la orquesta macabra de la muerte. Los muertos empezaban a levantarse.
Pude percibir el ruido de la madera crujir dentro de una bóveda, pero no me atreví a espiar por la ventana de la puerta. La madera humedecida, putrefacta y maloliente daba un gemido de dolor que me causaba escalofríos. Tenía que salir de ahí de inmediato. Volví para atrás, hacia el camino principal para poder escapar de este lugar. Corrí lo más rápido que pude sin mirar atrás a pesar de sentir los pasos torpes de los difuntos.
Miré de reojo a las tumbas que yacían a un costado y divisé que algo quería salir de la tierra. El olor a inmundicia y a tierra húmeda era insoportable, un olor denso, pesado lleno de porquerías entró por la nariz hasta llegar a los pulmones. Creo que era el olor de la muerte, de la podredumbre.
Llegué a la entrada y abrí la puerta de rejas oxidada, un chillido se extendió hasta el cielo y salí de ahí lo más rápido que pude. Dejé atrás a los muertos vivientes y a todo el cementerio abandonado para regresar a mi mundo natal, a donde irónicamente vivo mi vida, a donde están mis amigos, mi familia, a donde está mi tiempo. Adonde pertenezco.
Más adelante, en otro momento volveré al viejo cementerio donde encuentro paz durante el día, pero donde mi imaginación se vuelve realidad durante la noche. No puedo jugarme a pasar la noche ahí y fingir que no vuelvan a resucitar los muertos, porque puede pasar o no, pero no tengo motivos suficientes para intentarlo.
La oscuridad lo cubría todo, la ciudad no es la misma en la noche. Es todo diferente, todo se vuelve distinto. Es una visión distorsionada de la realidad, del mundo en que vivimos durante el día.
Durante el día se ven ciertas cosas que en la noche no. La tranquilidad, que es un fenómeno increíble, la paz que existe en la noche es casi tangible. No hay nadie caminando por las calles, ni autos haciendo ruido con sus caños de escape, ni bocinazos ni gente gritando ni nada por el estilo. Solo están las almas perdidas deambulando por las veredas y los fantasmas parados en una esquina hablando de cosas que ocurrieron cuándo estaban vivos. Todo ese tipo de cosas. Todo es un sueño cuándo cae la oscuridad, todo se vuelve irreal.
Aunque cabe destacar que hay personas que hacen su vida durante la noche, por ejemplo existen trabajos que te hacen llevar esa vida nocturna, solitaria, oscura. Los guardias de seguridad de alguna fábrica vacía, de algún edificio o de una garita tal vez.
Los que trabajan en un Kiosco las 24hs del día, incluye también el turno noche. Los médicos de urgencia, las guardias de los hospitales, los remiseros, los empleados de algún que otro bar de mala muerte, los taxistas, colectiveros, los farmacéuticos de las 24 horas… etc.